los “chapitos” no tienen cómo pelear contra dámaso: esta es la historia de dámaso lópez núñez “el licenciado”

La calurosa tarde del 4 de febrero de 2017 transcurre en completa calma en Imala, una población cercana a Culiacán, Sinaloa.

El estado es célebre por ser la cuna de algunos de los narcotraficantes más temibles y poderosos de México: Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca Carrillo, Amado Carrillo Fuentes, Arturo Beltrán Leyva, Ismael Zambada García, y, desde luego, el más conocido de todos: Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, alias el Chapo, líder del Cartel de Sinaloa, una empresa criminal considerada por las autoridades de Estados Unidos como la “más grande y prolífica organización de tráfico de drogas del mundo”.

Son precisamente sus hijos Iván Archivaldo Guzmán Salazar, de 36 años, y Jesús Alfredo, de 30, mejor conocidos en Sinaloa como los Chapitos, quienes viajan en la camioneta blindada escoltada por el convoy que irrumpe en la quietud del pequeño poblado popular por sus aguas termales
y arquitectura colonial.
El 19 de enero el Chapo fue extraditado a la Corte Federal de Distrito Este de Nueva York, donde será juzgado por los últimos 25 años de carrera criminal. Y ahora que es definitivo su fin, Iván Archivaldo y Jesús Alfredo acuden a un encuentro con Dámaso López Núñez, alias el Licenciado, el brazo derecho y hombre de mayor confianza de su padre.

El objetivo es hacer el reparto de responsabilidades, territorio y bienes del imperio criminal de Guzmán Loera, que no es poca cosa. En la corte de Nueva York le achacan haber acumulado personalmente al menos 14 billones de dólares. Una friolera que hasta las familias más honorables se disputarían a muerte.

Durante los últimos 16 años, a base de audacia, ingenio, traición, violencia y millonarios sobornos, Joaquín el Chapo Guzmán logró convertirse en el monarca de un reino que genera anualmente ganancias calculadas por el departamento de justicia americano en billones de dólaresanuales, similares a las de Google. Los hijos del Chapo no van solos al encuentro.

En el vehículo antibalas viaja con ellos Ismael Zambada García, alias el Mayo, la otra cabeza del Cartel de Sinaloa y compadre y cómplice del Chapo durante décadas, quien los acompaña para fungir como testigo de honor de los acuerdos a los que lleguen los hijos de su amigo y López Núñez, como un gesto de lealtad y porque quiere evitar una confrontación entre los Chapitos y el Licenciado. A sus 68 años de edad y luego de décadas de ser casi intocable, el Mayo aprendió a ejercer el arte de la neutralidad con la misma gracia con la que un cisne se mueve en el agua: no desea una guerra intestina ni quiere ser parte de ella.

El lugar del encuentro no es distante de uno de los ranchos de Zambada García, quien va custodiado por un numeroso grupo de escoltas bien armadas,dispuesto a defenderlo hasta la muerte. En la ciudad de Culiacán es vox populi que tiene un ejército de más de cuatrocientos hombres.

Cuando el convoy arriba al lugar convenido, Dámaso López Núñez no se encuentra en el sitio. Los hijos del Chapo no comprenden lo que pasa.De pronto, aún con luz de día, comienzan estallidos por doquier. No son fuegos artificiales, es una emboscada. La camioneta queda bajo una tormenta de plomo. Gracias al blindaje y a los asesinos a sueldo del Mayo que repelen el ataque, éste y los hijos del Chapo logran escapar. En el lugar quedan los cuerpos de ocho de los hombres de Zambada García.

Durante el ataque agencias de inteligencia del gobierno de Estados Unidos, que tiene intervenidas algunas comunicaciones en la zona, pudieron escuchar la radiofrecuencia de la policía estatal en la que un oficial con voz nerviosa reportaba el enfrentamiento entre “chapitos” y “damasos” sin que ninguna autoridad interviniera, pese a que el punto estaba a menos de 20 minutos de Culiacán.

“Nadie sospechaba de Dámaso porque era el compadre del Chapo”, comentó días después un familiar de Guzmán Loera, quien dio a conocer los detalles del ataque con la condición de mantener su nombre en el anonimato. Aseguró que los vástagos del capo se están reagrupando en la sierra de Sinaloa para preparar un contragolpe contra el otrora hombre de confianza de Guzmán Loera por su traición y para disputar el trono del reino criminal de su padre.

Hace 18 años, el poder del Licenciado dentro del Cartel de Sinaloa y su traición eran impensables.
En junio de 1993 el Chapo fue arrestado por el gobierno de Guatemala y entregado al de México, que lo acusaba de haber participado en el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo ocurrido en mayo de ese año en el aeropuerto internacional de Guadalajara, donde se supone que Guzmán Loera se había enfrentado con los hermanos Arellano Félix, entonces líderes del Cartel de Tijuana, acérrimos enemigos
suyos luego de haber asesinado a Armando López, que era como un hermano para él.

Durante casi tres años Guzmán Loera estuvo recluido en una cárcel de máxima seguridad en Almoloya de Juárez, Estado de México. Gracias a sus abogados, en 1995, logró ser transferido a la cárcel de Puente Grande, ubicada a pocos minutos de Guadalajara, donde vivían su entonces esposa Alejandrina Salazar y sus cuatro hijos: César, Giselle, Iván Archivaldo y Jesús Alfredo.

Desesperado por el encierro, en 1998 el Chapo envió un emisario a la embajada de Estados Unidos en México para hacer contacto con la DEA. En octubre de ese año, Larry Villalobos, entonces jefe de Inteligencia de la oficina de la DEA en México, y Joe Bond, supervisor de Operaciones de dicha agencia, sostuvieron un encuentro secreto con él en el área de atención médica del penal de Puente Grande.

“No voy a volver aquí, yo me mato o me matan antes de que me entregue al gobierno”, dijo Guzmán Loera a los agentes de la DEA con profunda amargura mientras miraba por la ventana añorando su libertad. Propuso a Villalobos y a Bond ayudar a la DEA a atrapar a los Arellano Félix a cambio de que él no fuera extraditado, o de ser así le dieran sólo cinco años de cárcel y luego su libertad. El Chapo odiaba la prisiónmás que cualquier otra cosa, más que la muerte. Pero no logró llegar a un acuerdo.

Dentro de la cárcel, el futuro para Guzmán Loera era sombrío, hasta que en febrero de 1999 su suerte dio un giro de ciento ochenta grados. Llegó como nuevo subdirector de la prisión un joven ex comandante de la policía judicial de Sinaloa: Dámaso López Núñez, a quien todos llamaban el Licenciado, que entonces tenía 33 años de edad. López Núñez, nacido el 22 de febrero de 1966 en la comunidad Eldorado, en Culiacán, era un hombre que trabajaba para el Cartel de Sinaloa de tiempo atrás.

El cargo de policía lo había conseguido gracias a recomendaciones del Mayo, pero hasta entonces no  probado su valía. Su padre, Dámaso López García, era militante del Partido Revolucionario Institucional (PRI), partido político que lo convirtió en síndico de Eldorado en 2007.

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